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XXV Aniversario del Ciclo de Órgano y Festival de Música Antigua

Día mundial contra el trabajo infantil

 

Día Mundial del MedioAmbiente

Tributo a tanta gente concienciada

Un cuento corto

 

Letras que conforman el Cuento Corto 

Cristian Urzua Pérez

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos.

Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.

Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.

Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

“Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.

Al principio el padre no creyó en el niño!

Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo: Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre.

Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era.  

“Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”.

 

MORALEJA: PARA ARREGLAR EL MUNDO, HAY QUE EMPEZAR POR ARREGLAR AL HOMBRE.

 

Recordando y Siguiendo

Cans se prepara

En la organización del festival de Cans, Pontevedra, ya están en tiempo de recogida! Desde el miércoles y hasta el 28 de febrero pueden enviarse los cortos para participar el en la edición de este año.

Podeis ver toda la información en su web:

www.festivaldecans.com

Hija de las Montañas

La joven india Parvati Pujari creció en las chabolas destinadas a las familias de los obreros que trabajaban en la construcción de lo que hoy es uno de los mayores complejos comerciales de la India, el Phoenix Mills de Mumbai. Parvati, “Hija de las Montañas” como significa su nombre, tiene bien clavado en la memoria un momento: su primera carrera. Tenía nueve años. “Fue la primera vez en mi vida en que gané un premio. Estaba feliz, todo el mundo me felicitó y me dio la enhorabuena, mis profesores, mis compañeros, todos… Me di cuenta de que podía convertirme en una atleta”.

La historia de Parvati es una historia de superación y esfuerzo detrás de un sueño. “En mi país no se entiende mucho el deporte femenino, son muy pocas las personas que aceptan y creen que la presencia de las mujeres en el deporte es algo positivo, la mayoría no lo comprenden, se piensa que nuestro papel es estar en la casa y cuidar de los niños”.

Parvati asumió muy pronto esos roles tradicionales. Fue la cuarta de seis niñas (su padre, Baban Pujari, siempre buscó un hijo varón) y vio casarse a los 12, 13 y 17 años a sus hermanas mayores. Ninguna de ellas fue a la escuela. Hasta los nueve años, la infancia de Parvati transcurrió entre chabolas, ocupándose de sus dos hermanas pequeñas y de la casa. “En mi barrio había tres niños que iban al colegio. Yo los veía con sus uniformes y sus mochilas, tan limpios y arreglados… Quería ser como ellos y le dije a mis padres que me llevaran también a la escuela”, recuerda. A los nueve años fue al colegio por primera vez.

Entonces, llegó esa carrera, sus primeros 100 metros en la competición anual. Otro hecho marcaría su infancia: el campamento con Magic Bus. Tres días de actividades lúdicas y educativas organizadas por esta ONG que trata de mejorar las condiciones de vida y la educación de los niños y niñas de los barrios más pobres a través del juego y el deporte. “Fue algo mágico. La sensación de tener amigos, ir de excursión, todo lo que aprendimos. Ese campamento me hizo sentir especial, nadie me había dicho antes nada así, ni en mi barrio, ni en mi familia. Descubrí un mundo diferente”, rememora Parvati, que comenzó a asistir a los talleres semanales de esta organización.

La historia de Parvati Pujari, la joven india que se enfrentó al matrimonio infantil para poder estudiar y cumplir su sueño de convertirse en deportista.

Podríamos ser todos

Vencer la Soledad

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